No tengamos miedo a expresar
nuestros sentimientos
Padre Jorge Humberto Peláez S.J
Director general de la Congregación Mariana
¿Por qué decir “los hombres no lloran” es un error que alimenta la violencia?
¿Te han dicho alguna vez que mostrar tus emociones te hace débil? Durante generaciones, nos enseñaron a esconder las lágrimas bajo una máscara de dureza, especialmente a los hombres. Pero hoy sabemos que reprimir lo que sentimos es la semilla de la violencia. Romper el ciclo del machismo no empieza en las leyes, sino en el abrazo de un padre y en el permiso que le damos a nuestros hijos para decir: «Tengo miedo» o «Necesito un abrazo». Es hora de cambiar la historia.
Amigos lectores, con frecuencia criticamos la cultura machista colombiana que se manifiesta en la dominación de la mujer, la agresividad verbal y la brusquedad en el trato. Uno de los puntos más críticos es la incapacidad para expresar ternura y afecto.
El impacto de la represión afectiva en la sociedad
Toda esta represión emocional conduce a problemas graves como el alcoholismo. Es lamentable que muchas celebraciones familiares, particularmente el Día de la Madre, terminen en peleas con consecuencias fatales.
Las causas del machismo son variadas, pero hay un aspecto de suma importancia: todavía existen padres que dicen a sus hijos varones: «¡Mijo, los hombres no lloran!».
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El error de reprimir las emociones en los niños
Estas palabras son una gravísima equivocación. Al presionar a los hijos para reprimir lo que sienten, la cultura machista:
- Desprecia los sentimientos.
- Mira con desdén la afectividad.
- Etiqueta la vulnerabilidad como un rasgo de personalidad débil.
Reflexión clave: Un niño que hoy no puede llorar o expresar miedo a la oscuridad, mañana será un adulto arrogante, agresivo e incapaz de pedir perdón.
Consecuencias del machismo y la falta de ternura
Cuando los hombres se sienten agobiados por emociones reprimidas, suelen acudir al alcohol como una válvula de escape peligrosa.
Un número alto de los actores de la violencia en Colombia provienen de hogares donde no existió la ternura. Si queremos construir un país diferente, necesitamos:
- Padres y abuelos amorosos: Capaces de abrazar, besar y acariciar.
- Espacios de libertad emocional: Que permitan a niños y adolescentes expresarse sin ser «mutilados» emocionalmente.
- Comunicación asertiva: Capacidad de sentarse a conversar y reconocer errores.
Hacia una escuela de ternura
No tengamos miedo de expresar nuestros sentimientos, nuestras tristezas y temores. La expresión emocional no nos hace débiles, nos hace humanos y constructores de paz.
Que la Sagrada Familia de Nazaret sea para todos nosotros una escuela de ternura y espontaneidad para sanar nuestras familias.




