¿Por qué celebramos el Día de la Ascensión?
Padre Jorge Humberto Peláez S.J
Director general de la Congregación Mariana
Este domingo la Iglesia celebra la fiesta de la Ascensión del Señor, un acontecimiento que marca el cierre de la presencia visible de Jesús entre sus discípulos y el inicio de una nueva etapa para la comunidad creyente. Más que una despedida, esta celebración representa un llamado a asumir con esperanza y compromiso la misión de anunciar la Buena Nueva.
Tras la resurrección, los discípulos vivieron durante 40 días una experiencia única junto al Señor resucitado. Compartieron con Él, escucharon sus últimas enseñanzas y recibieron el anuncio de la llegada del Espíritu Santo, quien sería guía y fortaleza en adelante. Ese tiempo fue una preparación profunda para quienes tendrían la responsabilidad de continuar la obra evangelizadora.
Una despedida llena de esperanza
La Ascensión estuvo acompañada de sentimientos encontrados entre los seguidores más cercanos de Jesús. Por un lado, la alegría de verlo regresar junto al Padre y ser constituido Señor del universo; por otro, la tristeza natural de no tener más su presencia física entre ellos.
Sin embargo, este momento también fortaleció la esperanza de los discípulos. Jesús les prometió la venida del Espíritu Santo, quien los acompañaría en la misión de anunciar el Evangelio. La Ascensión no significó un abandono, sino una nueva forma de presencia espiritual que seguiría viva en medio de la comunidad.
El comienzo del tiempo de la Iglesia
Con la Ascensión inicia lo que la tradición cristiana llama el “tiempo de la Iglesia”. Desde entonces, la Iglesia se convierte en el nuevo modo de presencia de Cristo en el mundo, encargada de anunciar el mensaje de salvación y comunicar la gracia a través de los sacramentos.
Esta fiesta también recuerda que cada creyente recibe la misión de llevar el mensaje de Jesús a su entorno cotidiano: la familia, los amigos y la sociedad. La invitación es a hacer vida el Evangelio con las palabras, pero sobre todo con las acciones, convirtiéndose en testimonio de esperanza, servicio y amor para los demás.





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