El Señor sana corazones rotos | El mito del "todo pasa"
Dios no es un pegamento rápido: Cómo sanar cuando el corazón sigue doliendo.
Detesto las frases de sobre de azúcar que dicen «el tiempo lo cura todo» o «Dios le da sus batallas más duras a sus mejores soldados». Son mentira. Hay dolores que no pasan, que solo se transforman. Dios no es un cirujano estético que borra cicatrices; es el que se sienta en el suelo a llorar contigo hasta que tengas fuerza para levantarte. Sanar no es volver a ser el de antes, sino aprender a caminar con una grieta que ahora deja entrar la luz. Hoy no le pidas a Dios que te «arregle»; pídele que habite tu herida.
Oremos juntos
Que este tiempo de Cuaresma no sea una simulación de piedad, un teatro donde actúo para convencerme de que soy mejor de lo que soy. Llévame al lugar donde por fin me quede sin excusas, sin títulos, sin roles sociales y sin defensas dialécticas. En el desierto no hay espejos que me devuelvan una imagen complaciente; solo hay arena y verdad. Ayúdame a sostenerte la mirada cuando no tenga nada que ofrecerte más que mi vacío. Que aprenda que no necesito «parecer» santo para ser amado por ti, y que solo en la desnudez total de mi espíritu comienza la verdadera libertad del hijo.
Te proponemos este ejercicio como momento de cambio: Escribe en tu mano con un bolígrafo una palabra que describa tu dolor actual. No la borres. Deja que se desgaste con el roce del día. Cada vez que la veas, di: «Él conoce este nombre».
“Si alguno quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” Lucas 9,23
Por: Cristian Molina G.





