“Si alguno quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” Lucas 9,23
Que este tiempo de Cuaresma no sea una simulación de piedad, un teatro donde actúo para convencerme de que soy mejor de lo que soy. Llévame al lugar donde por fin me quede sin excusas, sin títulos, sin roles sociales y sin defensas dialécticas. En el desierto no hay espejos que me devuelvan una imagen complaciente; solo hay arena y verdad. Ayúdame a sostenerte la mirada cuando no tenga nada que ofrecerte más que mi vacío. Que aprenda que no necesito «parecer» santo para ser amado por ti, y que solo en la desnudez total de mi espíritu comienza la verdadera libertad del hijo.