El Perdón | Soltar el cadáver que llevas a cuestas
Perdonar no es olvidar: Es decidir que tu pasado deje de joderte el presente.
Guardar rencor es como beber veneno y esperar que el otro se muera. Es agotador. Perdonar a esa persona que te rompió no es decirle «lo que hiciste estuvo bien». Es decirle: «Lo que hiciste fue terrible, pero ya no te permito vivir en mi cabeza gratis». El perdón es un acto de egoísmo sano: lo haces por ti, para dejar de cargar con un cadáver emocional que huele mal y no te deja avanzar. Hoy, corta la soga. No necesitas una disculpa del otro para ser libre tú.
Oremos juntos para perdonar
Señor, ayúdame a ayunar de mi necesidad patológica de tener siempre la razón y de esa adicción moderna a la última palabra en cada discusión. Mi ego se alimenta de victorias intelectuales insignificantes mientras mi alma se desnutre. Enséñame el valor del silencio que no es cobardía, sino espacio para que tú hables. Que mi boca se cierre para que mis oídos se abran. Que aprenda que no poseo la verdad, sino que la Verdad me posee a mí. En este silencio voluntario, que descubra que muchas de mis opiniones no son más que ruidos para no escuchar el suave susurro de tu justicia reclamándome coherencia.
«La Silla del Desahogo» una acción para perdonar, Pon una silla vacía frente a ti. Imagina a esa persona. Dile tres verdades crudas. Luego, levántate y vete a otra habitación. No mires atrás. El espacio vacío representa tu nueva libertad.
“Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán” Mateo 9,15
Por: Cristian Molina G.






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