Sin lugar a equivocaciones el lunes 10 de agosto de 2026 será inolvidable para todos y cada uno de los Colombianos. Y no es para menos; el terremoto que estremeció la tierra ha dejado a su paso un lastre de dolor y pérdidas a todo nivel que nos duele en el alma.
Si somos de aquellos afortunados que por esas cosas de la vida salimos invictos, contamos con la presencia de nuestra familia completa y no hemos perdido nuestros bienes materiales; y si además decimos tener un gran amor a Dios deberíamos necesariamente estar ayudando en la medida en que podamos.
Nunca olvidemos que a este mundo vinimos a amar y servir; no basta con ser fieles devotos que oramos con perseverancia. A ese acto maravilloso de entrar en comunión con Dios obligatoriamente, si nos decimos llamar hombres y mujeres de fe, debemos tocarnos el bolsillo y el corazón para derramar bendiciones y misericordia a tantas y tantas personas que literalmente lo perdieron todo.
La solidaridad que amerita esta tragedia que acaba de suceder en nuestro país no será necesaria únicamente por estos días. Reconstruir física y emocionalmente a Colombia será un camino largo en el que todos podemos poner nuestro granito de arena…¡qué así sea!
Por: Olga Umaña
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