El Santo del día
24 de diciembre
San Viator y San Justo
Oración a San Viator y San Justo
Oh San Viator y San Justo, ejemplos de fe y devoción, Que vuestro legado de entrega y amor por Cristo Ilumine nuestros caminos en momentos de tribulación. Concédenos, oh santos intercesores, vuestro espíritu de servicio y rectitud, para seguir el camino de la verdad y la compasión. Enseñadnos con vuestra sabiduría y bondad, a vivir con fervor nuestra fe y a ser testimonios de la gracia divina en cada paso que damos. San Viator y San Justo, protectores de la fe, rogad por nosotros para ser dignos seguidores de Cristo, guiados por vuestro ejemplo.
Amén.
Tras cometer el crimen, el asesino salió sigilosamente del callejón, pero al doblar la esquina se encontró con una turba enfurecida que al detectarlo –armada de palos, piedras y espadas–, cargó contra él y como pudo, se escabulló por ese intrincado laberinto de callejuelas, pero sus perseguidores no cejaban en su acoso y cuando estaban a punto de atraparlo, alcanzó a llegar al atrio de la catedral y gritando la palabra: ¡Santuario! (fórmula que quien la invocara y lograra cruzar el umbral del templo adquiría status de refugiado y nadie podía sacarlo de allí, sin consentimiento de la Iglesia), se resguardó en su interior y al instante, Justo, el obispo de Lyon, lo acogió, pero al recibir la promesa de las autoridades de que respetarían su vida, lo entregó, con tan mala suerte para el criminal, que la muchedumbre se lo arrebató a los gendarmes y lo linchó. El prelado agobiado por la culpa, pues se sentía responsable de esa muerte, decidió expiar su pecado en el desierto –como ermitaño–, y al amparo de la noche, abandonó la ciudad, pero al darse cuenta de lo sucedido, su fiel secretario, Viator, salió tras él, lo alcanzó en el camino y se fue al destierro con su maestro.
Justo (nacido en el siglo IV, en Vivarais, Francia), hizo una precoz carrera en la Iglesia y siendo aún muy joven, fue ungido diácono y su vida ejemplar fue tenida en cuenta por los habitantes de Lyon, que lo reclamaron como su obispo en el año 374. Aunque rehusó en principio tal dignidad, se vio impelido a aceptar ante el entusiasmo del pueblo y entonces emprendió una profunda restauración de la diócesis: saneó sus finanzas, recuperó el entusiasmo de los fríos sacerdotes, le dio preeminencia a los pobres y destinó buena parte de los recursos de la prelatura para socorrerlos, volvió a llenar las iglesias mediante una evangelización vigorosa y para ello preparó a un grupo de jóvenes entre los cuales, Viator, un muchacho, que le fue encomendado por sus padres para su formación espiritual y por su inteligencia, humildad y calidad moral y espiritual, lo convirtió en su mano derecha, lo preparó, lo ordenó diácono, le confió parte de la administración diocesana y se hizo acompañar de Viator, en los sínodos de Valence y Aquileya en los que Justo expuso argumentos tan contundentes contra los Arrianos, que fueron aprobados como plataforma de acción para combatirlos y recibieron cálidos elogios de su amigo, san Ambrosio, que luego los introdujo en sus escritos.
De regreso a su sede en el año 381, ocurrió el linchamiento del asesino, hecho que cambió la vida de ambos santos quienes luego de abandonar la ciudad, se incorporaron con nombres ficticios a la comunidad de san Macario y durante muchos años Justo y Viator fueron ejemplo de virtud, austeridad, obediencia, ayuno y penitencia, hasta que un día unos peregrinos de Lyon, que atravesaban el desierto egipcio, pidieron posada en ese monasterio y reconocieron a Justo y a Viator y les pidieron que retornaran, pero ellos se negaron, a pesar de que muchos monjes –incluido el superior–, que reconocían su valía, se sumaron a la petición de los romeros, los que a su regreso a Lyon, enviaron –para convencerlos–, una poderosa comisión que perdió el viaje y al nuevo obispo Antíoco, que la presidía, porque este prelado optó por quedarse junto a su viejo maestro y poco tiempo después el 24 de diciembre del año 390, el venerable Justo, murió en sus brazos y el fiel Viator, que no pudo superar su pérdida, falleció al cabo de una semana. Por eso hoy, día de su festividad, pidámosles a san Justo y a san Viator, que nos enseñen a ser fieles y leales a nuestro prójimo y a nuestros principios.






