Orar por los demás
Interceder por otros: El antídoto contra el "yo, mi, me, conmigo".
Orar por los demás es la forma más pura de amar, porque nadie se entera. Es crear un hilo invisible entre tu corazón y el de alguien que está sufriendo. Cuando dejas de pedir por tus facturas y empiezas a pedir por la paz de tu vecino, tu alma se ensancha. No le des a Dios «órdenes» sobre lo que debe hacer con los demás; simplemente pon sus nombres en Su presencia. A veces, la persona por la que rezas no cambia, pero cambias tú, y te vuelves más capaz de ayudarla.
Que mi ayuno de hoy sea no juzgar a quien vive su fe, su vida o su dolor de manera distinta a la mía. Soy un experto en señalar la paja en el ojo ajeno para no sentir el peso de la viga en el mío. Líbrame de la superioridad moral de quien se cree poseedor de la verdad o de la práctica perfecta. Que hoy mi boca se cierre antes de emitir un veredicto sobre el camino del otro. Que mi energía se centre en mi propia conversión, recordando que cada persona que cruza mi camino está librando una batalla de la que no sé nada.
“Si al presentar tu ofrenda te acuerdas de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí y vete primero a reconciliarte” Mateo 5,23-24
Asi nos lo enseño la Madre Teresa de Calcuta «pequeñas cosas con un gran amor».
Admitir que somos polvo es el primer paso, pero el polvo duele cuando se rompe. Mañana hablaremos de lo que nadie quiere admitir.
Por: Cristian Molina G.





