El encuentro con Dios
Deja de buscar a Dios en el cielo: Él está en tu cocina.
Tenemos esta idea de que Dios solo aparece entre incienso y cantos gregorianos. Qué error. Si Dios es amor, está en cada gesto de ternura, en cada verdad dicha a tiempo y en cada acto de servicio silencioso. El encuentro con Dios ocurre cuando dejas de buscar fuegos artificiales y empiezas a notar la brisa suave. Está en el abrazo de tu hijo, en el cansancio después de trabajar por los tuyos, en la paz de una cama limpia. Dios no es un evento, es un acompañante de viaje.
Oremos juntos para identificar su precia.
Enséñame a mirar mis sombras sin desesperación, pero también sin cinismo. A menudo racionalizo mis errores llamándolos «debilidades» o me hundo en la culpa para no tener que cambiar. Dame la lucidez para ver mi envidia, mi pereza y mi soberbia tal como son, sin los filtros del autoengaño. Pero, sobre todo, dame la fe para saber que tú caminas en esas sombras conmigo, que no te asustas de mis sótanos ni te alejas de mi podredumbre. Que tu luz no sea un foco que me juzgue, sino un sol que me sane y que permita que de mi tierra seca brote algo nuevo.
Toma una foto con tu celular de algo «feo» o «común» (una mancha en la pared, una herramienta vieja). Mírala y busca una razón por la que eso es necesario para tu vida. Dios está en los detalles que nadie más mira.
“Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá” Mateo 7,7
Por: Cristian Molina G.





