“Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá” Mateo 7,7
Enséñame a mirar mis sombras sin desesperación, pero también sin cinismo. A menudo racionalizo mis errores llamándolos «debilidades» o me hundo en la culpa para no tener que cambiar. Dame la lucidez para ver mi envidia, mi pereza y mi soberbia tal como son, sin los filtros del autoengaño. Pero, sobre todo, dame la fe para saber que tú caminas en esas sombras conmigo, que no te asustas de mis sótanos ni te alejas de mi podredumbre. Que tu luz no sea un foco que me juzgue, sino un sol que me sane y que permita que de mi tierra seca brote algo nuevo.