“Ustedes, pues, oren así: Padre nuestro que estás en los cielos” Mateo 7,9
Señor, que mi fe no sea un refugio privado, una burbuja de paz para mi propio consumo, sino una fuerza centrífuga que me empuje hacia los márgenes de la sociedad. Que no me sienta cómodo en el centro del sistema mientras haya hermanos míos en la periferia de la existencia. Que mi oración me lleve a las cárceles, a los hospitales, a los barrios olvidados y a las fronteras donde se juega la vida. Que no tenga miedo de mancharme las manos con el barro de la historia ni de comprometer mi reputación por estar al lado de los descartados. Que mi lugar en el mundo sea el lugar donde más se necesite un testimonio de esperanza.