“Cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicieron” Mateo 25,40
Dame la valentía de habitar mi propio silencio sin intentar llenarlo con ruidos piadosos, música de fondo o distracciones digitales. Me aterra el vacío porque en él emergen las preguntas que he intentado callar con el activismo. Ayúdame a sentarme con mi propia sombra, a escuchar los gritos de mis heridas no sanadas y los susurros de mis deseos más profundos. Que no huya de mí mismo, porque si no soy capaz de estar conmigo, ¿cómo podré estar realmente contigo? Que el silencio sea el crisol donde se queme la paja de mis justificaciones y solo quede el oro de tu presencia constante.