Los Mandamientos
Los 10 Mandamientos: No son prohibiciones, son instrucciones de vuelo.
Hemos visto los mandamientos como una lista de «noes» que Dios nos impone para quitarnos la diversión. Pero piénsalo de otra forma: son las señales de tráfico de la vida. Si ignoras el «Pare», te estrellas. Los mandamientos no están para proteger a Dios de nosotros, sino para protegernos a nosotros de nuestra propia capacidad de destruirnos. «No matarás», «No mentirás», «No codiciarás»… son los límites que aseguran que el amor sea posible. Sin leyes, no hay libertad, solo caos. Seguir los mandamientos es elegir el camino que no termina en el barranco.
La Envidia
Libérame, Señor, de la envidia, ese ácido invisible que corroe la alegría por el bien ajeno y que me amarga el espíritu ante el éxito de los demás. A menudo me comparo y siento que el mundo es injusto porque otros tienen lo que yo deseo. Limpia mi mirada. Que aprenda a celebrar los dones de mis hermanos como si fueran propios, sabiendo que en el cuerpo de Cristo todo es de todos. Que mi seguridad no dependa de ser «más» que nadie, sino de saber que soy único para ti. Que el desierto cure mi necesidad de competencia y me enseñe la libertad de la colaboración y el gozo de la gratuidad.
Metodología: «El Espejo de los Límites» Elige un mandamiento hoy (ej: «No dirás falso testimonio»). Durante todo el día, sé impecable con tu palabra. No exageres, no critiques, no mientas «piadosamente». Observa cuánto esfuerzo requiere ser honesto.
Cumplir la ley nos hace justos, pero el dolor humano nos hace hermanos. Mañana: Oración por los enfermos, cuando el cuerpo se vuelve frágil.
Por: Cristian Molina G.





