Oración por los enfermos
Cuando el cuerpo falla: Cómo orar cuando no hay palabras para el dolor.
La enfermedad es el recordatorio más crudo de que no tenemos el control. Ver sufrir a alguien que amamos nos rompe y nos llena de preguntas: «¿Por qué?». Orar por los enfermos no es intentar convencer a Dios de que haga algo que se le olvidó; es poner nuestra mano en la herida del otro junto con la mano de Jesús. Es pedir fuerza para el que lucha, paz para el que tiene miedo y sabiduría para el que cura. En la fragilidad del enfermo, Dios nos está invitando a amar sin condiciones, porque allí no hay nada que ofrecer más que la propia existencia.
Escuchar al Nadie
Que mi sacrificio de hoy sea escuchar con atención plena a quien nadie quiere oír: al anciano que repite su historia, al enfermo que se queja, al niño que pide atención o al vecino que me resulta pesado. A menudo doy dinero para evitar dar mi tiempo, porque el tiempo es mi recurso más celosamente guardado. Que hoy regale mis minutos como si fueran oro, sabiendo que la escucha es la forma más alta de la caridad en un mundo sordo. Que mi presencia sea un bálsamo que diga al otro: «tú importas, tu vida tiene valor, yo estoy aquí contigo». Que aprenda a perder el tiempo por amor, porque ese tiempo nunca se pierde ante tus ojos.
Metodología: «El Pulso de la Vida» Pon tus dedos en tu muñeca o en tu cuello. Siente tu pulso. Piensa en alguien que esté sufriendo una enfermedad. Di su nombre con cada latido durante un minuto. «Señor, que tu vida lata en él/ella».
Orar es el primer paso, pero el amor tiene que hacerse tangible. Mañana: La Caridad, el amor que no hace ruido.
Por: Cristian Molina G.




