“En verdad les digo que ningún profeta es bien recibido en su patria” Lucas 4,24
Dame, Señor, un corazón que se conmueva ante la injusticia social tanto como se indigna ante las ofensas personales. A veces mi sensibilidad es muy aguda para mis propios derechos, pero muy laxa para los derechos de los excluidos. Que no pueda dormir tranquilo mientras haya personas durmiendo en la calle o niños sin futuro. Que mi fe me produzca un sano malestar que me impida acomodarme al sistema que descarta a los más débiles. Que mi oración de hoy sea un grito por la justicia, y mi compromiso de mañana sea un paso concreto hacia la equidad. Que aprenda que la piedad sin justicia es solo una máscara vacía que te ofende.