“Llega la hora en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” Juan 4,23
Señor, que mi oración no sea un monólogo de peticiones egoístas o una lista de deseos para mi bienestar personal, sino un ejercicio de escucha incómoda y valiente. Me gusta hablarte, pero me aterra dejarte hablar a ti, porque tus palabras suelen pedirme que me mueva de mi sitio. Dame el coraje de permanecer en silencio ante tu Palabra, permitiendo que ella juzgue mis intenciones y cuestione mis seguridades. Que no busque en la oración la confirmación de mis propios prejuicios, sino la luz para ver mis errores. Que aprenda a escuchar lo que no quiero oír, sabiendo que en esa incomodidad reside mi única posibilidad de crecimiento y conversión verdadera.