La Solidaridad
Solidaridad: ¿Por qué nos duele tanto compartir nuestra seguridad?
A veces llamamos solidaridad a dar la ropa vieja que ya no usamos o las monedas que nos pesan en el bolsillo. Eso es limpieza de closet, no solidaridad. La solidaridad real es sentir que el dolor del otro es una injusticia personal. Es entender que tu bienestar no es pleno si tu hermano no tiene lo básico. En la solidaridad no hay «nosotros» y «ellos»; solo hay un «nosotros» inmenso. No es un sentimiento lástima, es una determinación firme de trabajar por el bien común porque todos somos responsables de todos.
Los Márgenes
Señor, que mi fe no sea un refugio privado, una burbuja de paz para mi propio consumo, sino una fuerza centrífuga que me empuje hacia los márgenes de la sociedad. Que no me sienta cómodo en el centro del sistema mientras haya hermanos míos en la periferia de la existencia. Que mi oración me lleve a las cárceles, a los hospitales, a los barrios olvidados y a las fronteras donde se juega la vida. Que no tenga miedo de mancharme las manos con el barro de la historia ni de comprometer mi reputación por estar al lado de los descartados. Que mi lugar en el mundo sea el lugar donde más se necesite un testimonio de esperanza.
Metodología: «El Lugar Vacío» En tu próxima comida, sirve un plato de más (o un vaso de agua adicional) y ponlo en la mesa. Ese lugar representa a los que hoy no tienen qué comer. Ora por ellos y piensa: «¿Qué puedo reducir en mi gasto mensual para ayudar a alguien real?».
Para ser solidarios necesitamos reglas de convivencia que nazcan del amor. Mañana: Los Mandamientos, ¿cárcel o señales de libertad?
Por: Cristian Molina G.





