“La piedra que los constructores desecharon, piedra angular se ha convertido” Mateo 21,42
Que mi limosna de este tiempo no sea el sobrante de mi cartera, sino un pedazo real de mi seguridad personal. A menudo doy lo que me sobra para acallar una culpa superficial, pero sigo aferrado a mis ahorros, a mis planes de retiro y a mi acumulación de miedos disfrazados de previsión. Enséñame a dar hasta que me duela la estructura de mi comodidad. Que el acto de compartir me despoje de la ilusión de que mis posesiones me protegen de la fragilidad humana. Que aprenda a soltar lo que no es mío, sabiendo que todo lo que no se da, se pierde, y que solo lo que se entrega con generosidad radical se convierte en tesoro eterno.