“Este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida” Lucas 15,32
Señor, que este tiempo de desierto me devuelva la capacidad de asombro ante lo pequeño, lo lento y lo cotidiano. He perdido la facultad de maravillarme por el milagro de un amanecer, por el sabor del pan o por el misterio de una conversación sincera. Mi mirada se ha vuelto cínica y cansada, como si ya lo hubiera visto todo. Devuélveme los ojos de un niño que descubre el mundo por primera vez. Que aprenda a ver tu rastro en la belleza de la creación y en la dignidad inquebrantable de los que sufren. Que el asombro sea mi oración más constante, recordándome que cada instante es un regalo gratuito de tu amor creativo que no deja de sostenernos.