Fidelidad
Fidelidad en tiempos líquidos: ¿Por qué nos cuesta tanto cumplir lo que prometemos?
Vivimos en la era de lo desechable: si algo se rompe, se tira; si alguien nos aburre, lo bloqueamos. La fidelidad se ha vuelto una palabra de museo. Pero ser fiel no es ser testarudo; es ser coherente con el amor que un día nos dio sentido. Ser fiel a Dios es, en realidad, ser fiel a la mejor versión de ti mismo, esa que no se vende por un aplauso barato o una salida fácil. La fidelidad se prueba en los días grises, no en los días de fiesta. Es la capacidad de mantener el «sí» cuando las razones para el «no» se acumulan.
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El Rostro en el Enemigo
Señor, que hoy sea capaz de reconocer tu rostro en aquel que me resulta molesto, extraño o ideológicamente opuesto. Es fácil amarte en el sagrario o en los amigos que piensan como yo, pero el verdadero desafío es verte en el que me contradice o me desprecia. Rompe mis categorías de «nosotros» y «ellos». Que deje de etiquetar a las personas para empezar a mirarlas con la profundidad con la que tú las miras. Dame la gracia de desear el bien de quien me desea el mal y de buscar puntos de encuentro allí donde el mundo solo ve trincheras. Que mi caridad no sea un club selecto, sino un hospital de campaña abierto para todos.
Metodología: «El Ancla de Piedra» Sujeta una piedra pequeña en tu mano. Apriétala. Siente su dureza. Piensa en una promesa que hiciste y que has descuidado. Di: «Mi palabra es mi roca». Lleva la piedra en tu bolsillo todo el día como recordatorio físico de tu compromiso.
La fidelidad te da raíces, pero ¿qué te da alas cuando el suelo tiembla? Mañana: Esperanza, o por qué no es lo mismo que el optimismo barato.
Por: Cristian Molina G.





