El Servicio
¿Servir o ser servido? El secreto para encontrar la verdadera alegría.
Nos han enseñado que el éxito es estar arriba, que otros trabajen para ti y que tu nombre brille. Jesús nos dio la vuelta al mapa: el más grande es el que se pone la toalla y lava los pies sucios. El servicio no es un favor que le haces al otro; es una medicina para tu propio egoísmo. Cuando sirves sin que nadie te vea, algo en tu interior se sana. Te das cuenta de que no eres el centro del universo, y esa es la mayor liberación que existe. Servir es el idioma del amor que no necesita traducción.
Lavar los Pies
“Si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a ustedes el Reino de Dios” Lucas 11,20
Enséñame, Maestro, a lavar los pies de quienes no podrán devolverme el favor, de quienes ni siquiera se darán cuenta de mi servicio. A menudo sirvo buscando el reconocimiento o la gratitud, lo cual es solo otra forma de alimentar mi ego. Que mi entrega sea anónima, callada y desinteresada. Que aprenda a agacharme ante la necesidad ajena sin mirar quién es el que la padece. Que la toalla y el lebrillo sean los emblemas de mi autoridad como cristiano. Ayúdame a descubrir que la verdadera grandeza consiste en hacerse pequeño, y que el único lugar donde un cristiano puede estar por encima de los demás es para levantarlos del suelo.
Metodología: «El Gesto de la Toalla» Hoy, realiza una tarea de limpieza o servicio que «no te corresponda» y que nadie te haya pedido. Hazlo en total silencio. No dejes que nadie se entere de que fuiste tú.
El servicio individual es potente, pero cuando se vuelve colectivo se llama justicia. Mañana: La Solidaridad, más allá de la moneda en la calle.
Por: Cristian Molina G.





