¿Cómo dar malas noticias de salud?
Guía ética para familias
Padre Jorge Humberto Peláez S.J
Director general de la Congregación Mariana
Recibir un diagnóstico médico grave cambia la vida en un segundo, pero decidir si contárselo a un ser querido es un dilema que desgarra a cualquier familia. ¿Ocultar la verdad o afrontarla juntos? Descubre la forma más humana y ética de abordar este doloroso momento sin romper su esperanza.
Amigas y amigos, es muy probable que, en algún momento de la vida familiar, enfrentamos el siguiente dilema ético: ya salieron los resultados de los exámenes médicos de nuestro papá y son preocupantes; y ahora, ¿qué hacemos? ¿Le decimos cuál fue el resultado o nos quedamos callados?
Hablar o callar, esa es la cuestión. Es muy probable que, dentro de la familia, las opiniones estén divididas. Amigas y amigos, ese es el tema de nuestra reflexión: ¿hablar o callar?
El derecho a la verdad: el consentimiento informado en la medicina actual
En los últimos tiempos se ha dado un avance muy significativo respecto a los derechos del paciente. Uno de los más importantes es el “derecho a ser informado”. Por eso antes de iniciar un procedimiento nos presentan una hoja para firmar el “consentimiento informado”: allí está escrito qué nos van a hacer y cuáles son los posibles efectos o consecuencias.
¿Por qué es un error ocultar el diagnóstico a un familiar enfermo?
Como principio general, los pacientes deben conocer qué tienen y cuáles son los posibles tratamientos. Es muy desaconsejable ocultar la verdad, porque el paciente terminará dándose cuenta de que hay algo raro que no funciona.
Ahora bien, esa información debe ser muy pedagógica, es decir, debe hacerse con delicadeza, escogiendo cuidadosamente las palabras, evitando el alarmismo. Hay que tener en cuenta el nivel educativo del paciente para así ofrecerle la información que pueda asimilar.
No es aconsejable dar toda la información de una vez. Es mejor hacerlo de manera gradual a medida que se vayan dando las cosas. A medida que va avanzando el proceso, es natural que el paciente haga preguntas. Por favor, no lo engañemos, no cambiemos de tema. Él tiene derecho a saber. Nunca ocultar, nunca engañar.
Que Nuestra Señora ponga en nuestros labios la palabra oportuna y delicada, que transmita paz y cercanía.




