El Poder de la Gratitud:
¿Por qué nos cuesta tanto decir "Por Favor" y "Gracias"?
Padre Jorge Humberto Peláez S.J
Director general de la Congregación Mariana
En un mundo donde el orgullo y la prisa diaria parecen dominarnos, a veces olvidamos el impacto que tienen las palabras más sencillas. Vivimos creyendo que lo controlamos todo, pero la realidad nos demuestra constantemente nuestra fragilidad. ¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a agradecer de corazón? A continuación, te compartimos una profunda reflexión que te invitará a transformar tus relaciones a través de la humildad, recordándonos el verdadero valor de aprender a decir gracias.
APRENDAMOS A DECIR GRACIAS
Amigas y amigos, en este espacio de reflexión los invito a hacernos una pregunta muy sencilla: ¿Qué tan frecuentemente pronunciamos las palabras “por favor” y “gracias”? El uso o el no uso de estas palabras marcan una diferencia fundamental en la vida.
Hay personas que se caracterizan por la arrogancia. Dan órdenes, exigen, regañan, humillan. Creen que se lo merecen todo. Tienen una actitud de dominio sobre los demás. Esa actitud arrogante los hace muy antipáticos. No son capaces de saludar con una sonrisa; son incapaces de decir “por favor” y “gracias”.
Te puede interesar: La Gratitud – Dejar de mirar lo que falta
Tenemos que ver la vida con ojos diferentes. Quitémonos la máscara de la arrogancia y reconozcamos que somos terriblemente frágiles. La vida la tenemos prestada. Cada día es un regalo de Dios. Cualquier virus o bacteria nos pone en serias dificultades. Y la seguridad que ofrece el dinero es muy relativa; el dinero va y viene.
Pensemos en la destrucción que causan las inundaciones, donde se puede perder el trabajo de toda una vida, o en los daños que provoca un terremoto o una crisis económica inesperada. Por eso, la seguridad que trae el dinero es muy relativa.
Amigas y amigos, dejemos a un lado el orgullo, seamos humildes y amables. Aprendamos a decir “por favor” y “gracias”. En esta vida todo lo tenemos prestado. Ninguna póliza nos cubre contra todo riesgo. Que nuestras relaciones sociales no sean de dominio sino de colaboración y empatía.
Dirijamos nuestros ojos a nuestra Señora de los Lirios, que es la mujer agradecida por excelencia. Ella pronunció una hermosa oración de acción de gracias, llamada el “Magníficat”: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su esclava”. María reconoce que todo es un regalo. Ella nos enseña a decir “gracias”.




