La Gratitud | Dejar de mirar lo que falta
¿Y si hoy agradeces lo que ayer diste por sentado?
Tenemos una miopía selectiva: vemos el grano en la cara, pero no el ojo que ve; vemos la cuenta por pagar, pero no el techo que nos cubre. La queja es un hábito que nos vuelve cínicos y viejos. La gratitud no es ser ingenuo, es ser rebelde. Es decidir que, a pesar de todo el caos, hay pequeñas victorias que merecen un brindis. Si hoy no puedes agradecer por «grandes cosas», agradece por el olor del café, por el agua caliente o porque tus pulmones siguen funcionando sin que tú se lo pidas.
Oramos juntos
Señor, hoy no vengo a pedirte consuelo, sino la capacidad de sentir. Quítame la anestesia espiritual con la que he forrado mi conciencia para no sufrir por el hambre ajena ni por mi propia soledad estructural. Vivimos en una cultura de filtros y gratificación instantánea que me ha vuelto impermeable a la realidad. Rompe esa coraza. Que me duela lo que te duele, que me indigne lo que te escandaliza. Que este desierto no sea una pausa en mi entretenimiento, sino el inicio de una sensibilidad nueva, donde mis lágrimas no sean de autocompasión, sino el primer signo de que vuelvo a estar vivo y conectado a la vid verdadera.
«El Mensaje Inesperado» Piensa en alguien que hizo algo pequeño por ti hace tiempo y nunca se lo agradeciste. Envíale un mensaje de texto ahora mismo. La gratitud que no se expresa es como un regalo envuelto que nunca se entrega.
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” Lucas 9,23
Por: Cristian Molina G.






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