Señor, restaura nuestra vida
Reflexión Padre Juan Diego Ruiz - Miércoles 9 de Julio de 2025
El hermoso misterio que sucede en Chiquinquirá cuando ese hombre Antonio Santana, devoto de Nuestra Señora del Rosario, manda pintar la imagen de ella en un lienzo de algodón que tenía más de ancho que de alto.
La manda pintar con un fraile de nombre Andrés, y por eso, cuando ve que quedó tanto espacio a esa, a esa imagen de Nuestra Señora del Rosario, van a poner a San Antonio por Antonio Santana, pero también van a poner a Andrés a San Andrés por el fraile que la mandó pintar. Y lo bonito de esa imagen es que esa imagen la ponen en un lugar de Boyacá distinto a Chiquinquirá.
Allí lo colocan, allí lo ponen, pero se deteriora. Y cuando él se traslada Chiquinquirá y se lleva el cuadro, pues ese lienzo deteriorado llega a manos de una mujer, María Ramos, que encuentra ese lienzo que ya había servido incluso para secar café y lo toma y descubre que tiene unos trazos religiosos de la Virgen y lo pone en un lugar bonito.
Y esa mujer que era pariente de Antonio Santana, esa mujer ora en esa capillita donde puso el cuadro y ora y le ora y le ora, hasta que un día, pasando por esa capillita, una indígena, Isabel, que va con su hijo, descubren cómo del lugar de donde está el cuadro hay unos destellos de luz enormes y hacen que se mire hacia allí y ese cuadro se ha restaurado.
Miren, esto es muy bonito, parece a mí para la vida de fe. Aquí no hay una aparición, aquí hay una restauración. Eso que estaba borroso, eso que había perdido nitidez, se restaura, eso que había perdido brillo y belleza, se restaura para indicarnos a nosotros como ese debe ser el camino de nuestra vida. No podemos perder nitidez en la vida, no podemos pasar por la vida borrosos, No podemos pasar por la vida con una voz que ni se escucha.
No podemos pasar por la vida sin una presencia que sea clara de la imagen de mi Dios en nosotros. Necesitamos restaurarnos, ser restaurados, pero esa restauración solamente va a pasar por mi capacidad para escuchar, por mi capacidad para oír, por mi capacidad para detenerme en la escucha y permitir que Dios, como un buen cirujano, entre por mi oído y trabaje en mi vida.
Eso es lo que requerimos. Por eso esta fiesta de hoy es una invitación a ponerme en las manos de un muy buen restaurador que es Dios, que sigue poniéndome en el camino. Ofertas de plenitud, de felicidad, de grandeza, de altura, para que este ser creado por él sobre la importancia y la misión con que fue creado. Hoy es un buen día para decirle a mi Dios, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, me pongo en tus manos, restaura este ser, reviva en mí la misión que me diste al moldearme y al modelar mío como tú querías que fuera.
Nuestra Señora de Chiquinquirá nos inspira profundamente este hermoso ejercicio de depositarnos en las manos de Dios y de abrir cada vez más el oído para que, como ella, seamos capaces de decir : “Aquí está la esclava del Señor, Hágase en mí según tu palabra”





