Miércoles de Ceniza | El alivio de no ser Dios
Ceniza en la frente: ¿Por qué nos obsesiona parecer eternos si somos polvo?
Seamos honestos: nos aterra la insignificancia. Pasamos la vida construyendo muros de prestigio, acumulando seguidores o editando fotos para parecer impecables. Y entonces llega hoy, y alguien nos ensucia la frente con un poco de mugre gris para recordarnos que vamos a morir. Pero, ¿sabes? Hay un alivio inmenso en admitirlo. Si eres polvo, ya no tienes que cargar con el mundo sobre tus hombros. No tienes que ser perfecto, ni exitoso, ni eterno. Hoy es el día para soltar la máscara y abrazar nuestra fragilidad. Al final, Dios no se enamoró de tu versión perfecta, sino del barro que eres.
Oremos juntos este Miércoles de Ceniza.
Que estas cenizas sobre mi frente no sean un disfraz de piedad ni un rito vacío para limpiar culpas superficiales. Que sean el reconocimiento honesto, crudo y radical de mi propia finitud. Soy polvo, soy fugacidad, soy un suspiro en la historia de la creación. Al aceptar mi mortalidad, líbrame de la angustia de querer controlarlo todo. Que el polvo me recuerde que no soy Dios y que mis planes de grandeza son castillos de arena. Que esta conciencia de muerte no me paralice, sino que me mueva a amar con urgencia, sin postergar la bondad para un mañana que no me pertenece.
Luego de leer la oración, toca el dorso de tu mano. Siente el calor de tus venas. Repite: «Este calor es prestado, y eso está bien». Durante el día, cada vez que sientas estrés por el futuro, toca tu piel y recuerda que solo tienes este «ahora».
“Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial” Mateo 6,1
Por: Cristian Molina G.





