María Auxiliadora hoy miramos a nuestros hijos
Regalo y responsabilidad.
Nuestros hijos son pedacitos de cielo prestados, nuestra mayor alegría y a veces, nuestra mayor preocupación. Pensamos en su futuro, en los peligros que acechan, en sus luchas y sus sueños. Se los presentamos a la Madre Auxiliadora, pidiéndole que los cuide con ese amor infinito que solo una madre puede tener.
Madre querida, te confío lo más preciado que tenemos: nuestros hijos. Son el latido de nuestro corazón fuera del pecho. Tú que criaste a Jesús con tanto amor y sabiduría, sabes los desvelos y las esperanzas que ellos traen consigo.
Protégelos, María, de todo lo que pueda dañar su cuerpo o su alma. Guíalos por caminos de luz, ayúdalos a discernir el bien del mal, a crecer en valores y en la fe. Dales valentía para enfrentar los desafíos y un corazón noble para amar. Ayúdanos a nosotros, como padres, a ser su mejor ejemplo, su puerto seguro y la mano que los acerca a ti y a tu Hijo. Que en tu regazo encuentren siempre consuelo y fortaleza.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.






