“Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto” Mateo 4,10
Libérame, Señor, de la tiranía de mi propia imagen, de ese ídolo que he construido en las redes y en las mentes de los demás. Paso más tiempo editando mi vida que viviéndola, más tiempo buscando el aplauso que buscando tu rostro. Que en estas semanas aprenda a no ser el centro de mi propia historia. Que aprenda a ser un actor secundario que sirve con alegría, un testigo que no reclama protagonismo. Enséñame el gozo de la invisibilidad, la paz de no tener que demostrar nada a nadie. Que mi único público seas tú, y mi única recompensa, la paz de una conciencia limpia.