«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escúchenlo” Mateo 17,5
Señor, rompe hoy mi indiferencia, esa forma educada y silenciosa de crueldad que practico a diario para proteger mi tranquilidad. He perfeccionado el arte de mirar hacia otro lado, de deslizar la pantalla ante el dolor que me incomoda. Mi pecado no es solo lo que hago, sino todo lo que omito para no alterar mi bienestar. Que este desierto me obligue a mirar de frente las llagas de mi prójimo, no con lástima estéril, sino con la conciencia de que su hambre es mi responsabilidad y su frío es mi vergüenza. Haz que mi corazón deje de ser un músculo blindado y se convierta en una herida abierta por la que pueda entrar la vida de los demás.