La Caridad
Caridad vs. Filantropía: ¿Por qué el amor cristiano busca el anonimato?
La filantropía busca el reconocimiento, la placa con el nombre, el beneficio fiscal. La caridad busca el bien del otro simplemente porque el otro es un hijo de Dios. La verdadera caridad es humilde; no necesita cámaras ni aplausos en redes sociales. Es el gesto escondido, el dinero dado en secreto, el tiempo regalado a quien no puede devolverlo. San Agustín decía: «Ama y haz lo que quieras». Si tu motor es la caridad, todo lo que hagas estará bien, porque estarás buscando el cielo en la tierra para los demás.
El tiempo egoísta
Enséñame, Señor, a compartir no solo mi pan, sino mi tiempo, que es mi posesión más egoísta y la que más protejo bajo llave. He convertido mi agenda en un ídolo al que sacrifico mis relaciones y mi paz interior. Ayúdame a romper la dictadura del reloj y a estar disponible para lo imprevisto, para la interrupción necesaria, para la visita inesperada. Que mi prisa no sea una excusa para la falta de caridad. Que aprenda a vivir con un ritmo humano, pausado, que me permita percibir la presencia de tu Espíritu en los detalles mínimos de la jornada. Que mi tiempo sea tuyo, y por tanto, de todos mis hermanos.
Metodología: «El Don Invisible» Haz una donación o un acto de ayuda hoy de tal manera que sea absolutamente imposible que el beneficiario sepa que fuiste tú. Saborea el secreto entre tú y Dios.
La caridad empieza por los humanos, pero se extiende a todo lo creado. Mañana: Relación con la Casa Común, el pecado de herir la tierra.
Por: Cristian Molina G.





