Evangelio de hoy Viernes 11 de septiembre
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?»
Lucas 6, 39-42
Lectura del Santo Evangelio según Lucas 6, 39-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».
Palabra del Señor
Reflexión del evangelio
Sacar la viga del propio ojo: De la crítica al hermano a la delicadeza en el trato
El cuestionamiento de Jesús sobre el ciego que guía a otro ciego y la comparación entre la mota y la viga en el ojo expone una seria tendencia humana: la facilidad para erigirse en jueces de la vida ajena mientras se ignoran las oscuridades y desórdenes del propio corazón.
El ordenamiento de la propia vida antes de corregir al prójimo
Superar la tentación de juzgar: Es habitual asumir el rol de autoridades morales con soluciones para los problemas ajenos, opinando sobre las decisiones o relaciones de los demás. El Evangelio invita a concentrar la atención en hacer florecer el propio «metro cuadrado» antes de señalar las falencias del entorno.
Coherencia entre lo público y lo privado: De nada sirve pretender ser «luces en la calle» o mostrar una fachada impecable ante la sociedad si en la intimidad del hogar se es «oscuridad absoluta». La autenticidad del seguimiento a Jesús se prueba en el trato diario con la familia y la comunidad.
Recuperar la delicadeza en las relaciones: La falta de tacto y la tosquedad dañan profundamente la convivencia. Soltar frases hirientes bajo el pretexto de corregir actúa como un puñal; la vida en gracia exige respeto, cordialidad y cuidado hacia la dignidad del hermano.
La mirada enfocada según San Juan de la Cruz: Vivir concentrados en la propia conversión personal implica trabajar en el corazón de tal manera que nuestra presencia haga la vida más llevadera, cómoda y serena para quienes nos rodean.
Reconocer que no lo sabemos todo ni tenemos el control absoluto libera de la necesidad de fiscalizar al entorno. Entregar los impulsos e impaciencias a Cristo permite purificar la mirada para acompañar al prójimo con verdadera humildad, sirviendo de apoyo e impulso en lugar de piedra de tropiezo.






