En Conversación con María Auxiliadora
Un Momento de Oración Cercana
Acercarnos a María Auxiliadora es como hablar con nuestra propia madre, esa que nos entiende sin juzgar, que nos consuela y nos lleva de la mano a Jesús. En estos momentos, queremos abrirle nuestro corazón de par en par, presentarle nuestras alegrías y nuestras penas, nuestras esperanzas y nuestras luchas. Que cada palabra sea un suspiro de confianza, un acto de amor filial a la Madre que nunca nos abandona.
Entregamos a María Auxiliadora la Salud, nuestra y la de quienes amamos
A veces, el cuerpo duele, se cansa, o vemos sufrir a alguien que queremos. En esos momentos de fragilidad, sentimos más que nunca nuestra necesidad. Le contamos a María, con esa confianza de hijo que busca el regazo materno, lo que nos pasa por dentro cuando la salud flaquea. Le pedimos por nosotros y por todos los que cargan con el peso de la enfermedad.
María Auxiliadora, tú que eres el consuelo de los que sufren, mira con ojos de piedad nuestra fragilidad, nuestras dolencias, esos achaques que nos quitan la paz y la energía. Te encomendamos especialmente a todos los enfermos de los hospitales, en nuestras casas y a todos los que hoy sienten el peso del dolor en su cuerpo y en su mente.
Intercede ante tu Hijo Jesús, que sanó a tantos con solo una palabra o un gesto. Si es su voluntad, pide que nos conceda el alivio y la recuperación; si no, que nos dé la fuerza y la paz para vivir este momento unidos a Él y a ti. Que en la enfermedad descubramos una forma de purificación y de unión más profunda con Dios. Contigo, Madre, todo es más llevadero.
Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.






