“Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampocos se convencerán, aunque un muerto resucite” Lucas 16,31
Que el desierto de estas semanas me enseñe, de una vez por todas, que no soy lo que poseo, ni lo que produzco, ni lo que los demás dicen de mí en sus valoraciones efímeras. Soy mucho más que mis éxitos y mucho más que mis fracasos. Líbrame de la ansiedad de tener que «ser alguien» ante el mundo. Ayúdame a descansar en la sencilla y gloriosa verdad de ser tu hijo, amado sin condiciones antes de haber hecho nada para merecerlo. Que esta identidad sea mi roca cuando el prestigio desaparezca y mi consuelo cuando mis fuerzas flaqueen. Que aprenda a vivir desde mi centro, donde tú habitas, y no desde la periferia de las expectativas ajenas.