“El mayor entre ustedes será su servidor” Mateo 23,11
Señor, purifica mi lenguaje y rescátalo de la banalidad y del veneno. Que mis palabras de hoy construyan puentes sólidos donde suelo levantar muros de ironía, sarcasmo o desprecio. A veces uso mi inteligencia para humillar o para brillar, olvidando que el lenguaje me fue dado para bendecir y para consolar. Que mis quejas se transformen en agradecimiento y mis críticas en intercesión. Ayúdame a ayunar de los comentarios ociosos, de la crítica fácil al que no está presente y de la autocomplacencia de creerme mejor que los demás por lo que digo. Que mi hablar sea un reflejo de tu verdad, siempre sazonado con la sal de la humildad y la ternura.