Cuidar mi hogar
¿Tu casa es templo o almacén? Ordena tu alma
A veces buscamos la santidad en catedrales lejanas mientras nuestra propia cocina es un campo de batalla o un museo del descuido. Tu hogar no es solo un lugar donde duermes; es el ecosistema donde tu espíritu se nutre o se marchita. Si hay gritos, desorden acumulado o silencios gélidos, tu oración se quedará pegada al techo. Cuidar el hogar es quitar el polvo de las relaciones y ordenar las prioridades. Que tu casa sea un refugio, no una cárcel de apariencias.
Señor, no permitas que use la religión como un búnker para esconderme de mis responsabilidades con el prójimo. A veces mis oraciones son muros que levanto para no escuchar el clamor del que sufre. Es más fácil rezar un rosario que consolar a un desesperado; es más cómodo ir a misa que luchar por una ley justa. Que mi piedad no sea un medicamento que me adormezca ante la injusticia, sino un combustible que me queme por dentro hasta que mi fe se traduzca en obras. Que no te busque en el incienso de los templos si no soy capaz de encontrarte en el sudor de los que sufren.
Identifica el rincón más desordenado o «feo» de tu casa. Límpialo hoy con calma. Mientras lo haces, piensa: «Qué área de mi vida estoy ocultando bajo este desorden?».
“Sean perfectos como es perfecto su Padre celestial” Mateo 5,48
Tener una casa limpia es el inicio, pero ¿qué pasa con la gente que entra en ella? Mañana: Reconocer a los demás, o cómo dejar de tratar a las personas como muebles.
Por: Cristian Molina G.





