Un buen pastor
¿Qué tiene Jesús que no deja de sorprender al hombre y de impulsarlo hacia horizontes infinitos.
¿Qué hay en Él, que no deja de seducirnos y contagiarnos de su amor?
¡Valemos tanto, que dio su sangre por nosotros!
Es el Buen Pastor que está dispuesto a dejar el redil de las 99 ovejas, para buscar la perdida.
¡Cuánto valemos! ¡cuánto le importamos!
Esta dispuesto a ir hasta donde sea necesario, hasta el antro más oscuro o al hueco más hondo, para sacarnos.
Sabe esperarnos, pero nos busca incesantemente hasta encontrarnos, si nos dejamos ver por su rostro amable.
Es Él, el Buen Pastor, el que curo toda dolencia y enfermedad, el que nos lleva en sus brazos o colgados en sus hombros, cuando las fuerzas ya no nos dan.
Es Él, el Buen Pastor.
El Buen Pastor que ha hecho que muchos se consagren a su amor y por eso arriesgan toda su vida en servicio de los hermanos.
¡Cuánto vale un sacerdote!
No sabremos nunca describirlo, ni contar la gracia especial que ello significa, pero ahí están, como el Buen Pastor, devolviendo en su nombre, la vista a los ciegos, haciendo que los sordos oigan y que los paralíticos anden; ahí están, resucitando muertos perdidos en las drogas o en el alcohol o en los vicios que los superan; ahí están, silenciosamente, ayudando a cargar la cruz a los enfermos, ungiéndolos con su perfume, imponiéndoles sus manos. Son el Reflejo del Buen Pastor, porque aman desinteresadamente y nos escuchan sin descanso; nos devuelven a la vida en el sacramento admirable de la confesión, mientras nos conducen por caminos de bondad. Ahí están, salvando matrimonios, uniéndolos con fuerza, acompañándolos hasta las lágrimas. Entregan mercados a los pobres, viajan distancias enormes a lugares apartados, para llevar la única y buena noticia que el hombre necesita.
¡Cuánto vale un sacerdote!
El reflejo del Buen Pastor está en ellos: en cada presbítero, en cada religioso o religiosa, en cada hombre o mujer que sabe ir por el hermano que está solo, triste o desamparado.
Gracias hermanos sacerdotes, buenos pastores, hoy hacemos memoria y reconocemos el enorme regalo de tenerlos entre nosotros.
Por: Alejandro Morales





