Se busca un padre
Alejandro Morales
Coordinador Líder de Contenidos
Se busca un padre que no haya que buscarlo, porque siempre regresa a casa.
El que ora por su hogar diariamente porque sabe poner en manos de la Divina Providencia el futuro de su familia.
Ese que sabe alegrarse inmensamente con los embarazos de su esposa, porque sabe la bendición que representan y la gracia que trae cada hijo.
Aquel que se levanta también en la noche, cuando la vida apenas comienza, para cuidarla.
Y que al llegar a casa, luego de jornadas extensas de trabajo, se arrodilla en la entrada para abrazar a sus hijos pequeños, que se lanzan a su cuello para darle la bienvenida.
Uno con la firmeza suficiente para formar en los valores innegociables, pero comprensivo ante los tropiezos.
Un padre sin pena de manifestar su afecto y a la vez respetuoso de todos.
Un hombre que se vuelve admirable por la manera recta con que lleva adelante sus asuntos y su trabajo.
Aquel que sabe escuchar los silencios de sus hijos, descifrando en una mirada los temores que aún no saben nombrar.
El que camina consciente de que sus huellas son el mapa del mañana, cuidando que cada paso sea un sendero de honestidad y ternura.
Ese que transforma sus brazos en el refugio más seguro ante las tormentas del mundo, un lugar donde siempre habita la paz.
Uno que no busca moldear a sus hijos a su propia imagen y semejanza, sino que alienta con paciencia el vuelo de su propia esencia.
Un hombre que honra con fidelidad el amor en su hogar, enseñando con el ejemplo que la verdadera fuerza nace del respeto.
Un padre presente y consciente de lo que significa esta que es una de las palabras más bellas de nuestro idioma: Padre.





