Plegaria a Nuestra Señora de los Dolores
¡Oh, Santísima Virgen Dolorosa, Madre de Jesús y Madre nuestra! Hoy elevamos nuestros ojos y nuestros corazones hacia Ti, contemplando el mar de angustia que atravesaste, ese mar de siete dolores que traspasó tu inmaculado Corazón.
Por la espada de la profecía de Simeón, por la amarga huida a Egipto con tu Niño, por la angustia de buscar a Jesús perdido, por el encuentro desgarrador en el camino al Calvario, por tu presencia firme al pie de la Cruz, por recibir en tus brazos el cuerpo inerte de tu Hijo, y por el dolor de su sepultura… ¡Oh, Madre de los dolores, cuántas lágrimas derramaste!
En cada una de tus lágrimas, en cada golpe de esa espada en tu alma, vemos un reflejo de nuestras propias aflicciones, de nuestros miedos, nuestras pérdidas y nuestras penas. Tú, que conociste el dolor más profundo, nos comprendes y nos acompañas en nuestra propia Pasión.
Te suplicamos, Madre de la Fortaleza, que por tus siete dolores nos concedas la virtud de aceptar con paciencia la voluntad de Dios en nuestras vidas, incluso cuando no la comprendemos. Danos la fuerza para perseverar en la fe, para no desmayar ante las pruebas, y para encontrar en el sufrimiento un camino de purificación y amor.
Que tu ejemplo, ¡oh, Dolorosa Madre!, nos impulse a ser consuelo para los afligidos, a secar las lágrimas de quienes lloran, a ofrecer una mano amiga a los desvalidos y a llevar esperanza a los corazones desesperados, así como Tú, con tu presencia, fuiste consuelo para Jesús.
Ruega por nosotros, Santa Madre Dolorosa, para que, unidos a Ti en el dolor y en la esperanza, podamos un día gozar de la eterna felicidad en el Cielo. Amén.




