Evangelio de hoy Miércoles 2 de septiembre
«Tú eres el Hijo de Dios.»
Lucas 4, 38-44
Lectura del Santo Evangelio según Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en la casa de Simón.
La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le rogaron por ella.
El, inclinándose sobre ella, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban y decían:
«Tú eres el Hijo de Dios».
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar desierto. La gente lo andaba buscando y, llegando donde estaba, intentaban retenerlo para que no se separara de ellos.
Pero él les dijo:
«Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado».
Y predicaba en las sinagogas de Judea.
Palabra del Señor
Reflexión del evangelio
Sanación, Servicio y la Misión Universal de Jesús
Esta reflexión de Lectio Divina se basa en el Evangelio de San Lucas 4, 38-44. Aborda la curación de la suegra de Simón Pedro, las sanaciones al atardecer y la decisión de Jesús de expandir su predicación, invitando al creyente a transformar la gracia recibida en servicio activo.
La Sanación como Impulso para el Servicio
Visita al hogar: Jesús entra en la intimidad de la casa de Simón y cura a su suegra de una fuerte fiebre. Se destaca que la acción de Dios busca entrar en nuestras «casas» (nuestro interior) para sanarnos.
Respuesta inmediata: Tras ser curada, la mujer no se queda inactiva, sino que se levanta enseguida a servir. Esto plantea un desafío directo al oyente: la verdadera prueba de haber sido sanados y tocados por el amor de Jesús es nuestra disposición para servir a su obra y a los demás.
El Secreto Mesiánico y Nuestra Misión Actual
El reconocimiento de los demonios: Tal como se evidenció en la reflexión anterior, los espíritus inmundos reconocen a Jesús como el «Hijo de Dios». Jesús los silencia porque el misterio mesiánico aún no debía ser revelado plenamente de esa forma.
El tiempo de proclamar: El sacerdote contrasta ese momento histórico con nuestro presente. Hoy, habiéndose consumado el plan de salvación, somos nosotros (y no las fuerzas del mal) quienes estamos llamados a proclamar abiertamente que Jesús es el Salvador.
La Universalidad del Reino frente al Apego
No acaparar la gracia: Las personas de Cafarnaún intentan retener a Jesús para que se quede solo con ellos, buscando asegurar sus milagros y presencia.
Misión en salida: Jesús se resiste a ser exclusividad de un solo grupo y declara: «Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades». Nos enseña que el mensaje y el amor de Dios no se pueden limitar, sino que deben expandirse a todos los rincones.
Exhortación Espiritual
Curar nuestras «fiebres»: Se invita a pedirle a Jesús que sane las «altas temperaturas» del alma, es decir, todas aquellas pasiones, tribulaciones o ataduras que nos impiden amar con libertad.
Ser sus brazos: Conectando con reflexiones anteriores, se concluye con una oración para convertirnos en multiplicadores de su gracia, siendo «los brazos de Jesús» para llevar paz, ayuda y consuelo a los más necesitados y a quienes enfrentan pérdidas y dolor.






