Evangelio de hoy Viernes 18 de septiembre
«De pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia»
Lucas 8, 1-3
Lectura del Santo Evangelio según Lucas 8, 1-3
En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce y por algunas mujeres, que habían sido curadas de espíritus malos y de enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.
Palabra del Señor
Reflexión del evangelio
La fe en movimiento: Gratitud, servicio e inclusión en el seguimiento de Cristo
La fe no es un sentimiento abstracto ni una simple teoría doctrinal; es un trato de amistad y una relación viva con Jesús que transforma la existencia y pone a la persona en marcha. La experiencia del Evangelio no nació en el aislamiento ni en la comodidad, sino en el caminar itinerante de una comunidad que anunciaba la buena noticia de pueblo en pueblo.
Una fe viva que se pone en camino Seguir a Cristo implica abandonar la pasividad espiritual. Vivir el Evangelio exige ponerse en movimiento, traducir las creencias en decisiones cotidianas y comprender que el verdadero discipulado no se limita a escuchar discursos, sino a caminar activamente junto a los demás en las realidades de todos los días.
La gratitud como fuente de generosidad Las mujeres que acompañaban a Jesús no actuaban por obligación ni por norma externa, sino movidas por un profundo agradecimiento. Al haber experimentado la sanación, la liberación y la misericordia de Dios en sus vidas, transformaron su gozo interior en entrega concreta:
Entrega de recursos y talentos: Poner al servicio de la comunidad el tiempo, los bienes materiales y las capacidades personales.
Corresponsabilidad en la misión: Entender que el anuncio de la buena noticia se sostiene y fortalece gracias al apoyo solidario de quienes se reconocen bendecidos.
Dignidad e inclusión en la misión compartida Al integrar activamente a María Magdalena, Juana, Susana y a muchas otras en su grupo, Jesús rompió las barreras culturales y sociales de su tiempo, devolviéndoles la dignidad, el valor y la voz. En el proyecto de Dios, cada persona tiene un lugar fundamental. La verdadera madurez comunitaria consiste en valorar y respetar los carismas de todos, superando los prejuicios, las descalificaciones y las comparaciones estériles.
Reconocer el amor recibido en la propia historia es el motor principal para vivir una fe auténtica, donde la gratitud constante se convierte en un servicio alegre al prójimo.






