Un "Gracias" que nace del alma en el Día del Buen Pastor
No son solo líderes, son padres espirituales. Hoy celebramos el Día del Buen Pastor con una mirada profunda a la entrega de nuestros sacerdotes y una oración que brota del corazón.
¿Te has fijado alguna vez en las manos de un sacerdote? Son manos que han bautizado a nuestros hijos, que han partido el Pan de Vida y que, a menudo en el silencio de un confesionario, han sostenido los pedazos rotos de nuestras historias.
Hoy, en el Día del Buen Pastor, no queremos hablar de la institución, sino de la persona. Del hombre que dijo «sí» renunciando a un proyecto propio para abrazar los proyectos de Dios y, por extensión, los de cada uno de nosotros.
El regalo más grande para el pueblo
A veces olvidamos que el sacerdote es un hombre que camina hacia la montaña de Dios, igual que nosotros. La santidad sacerdotal no es perfección, es transparencia. Cuando un sacerdote es santo, Cristo se vuelve visible.
Necesitamos sacerdotes que se enamoren de la oración antes que de la gestión. La importancia de que nuestros pastores sean santos radica en que ellos son nuestra brújula. Si su corazón arde, toda la parroquia se mantiene caliente; si su fe es firme, nuestro caminar se vuelve más seguro.
La semilla del mañana, vocaciones que brotan del Amor.
Miremos al futuro con esperanza. El mundo tiene sed de Dios, y esa sed solo se sacia con manos consagradas. Pero no pedimos solo «más» sacerdotes; pedimos vocaciones verdaderas.
- Jóvenes que no tengan miedo a la entrega total.
- Hombres que busquen la santidad antes que el prestigio.
- Corazones valientes que entiendan que el servicio es la mayor forma de libertad.
Nota para los jóvenes: Si sientes que el Buen Pastor te llama, no tengas miedo. No te quita nada, te lo da todo.
Sacerdotes: Pastores con «olor a oveja»
Ser sacerdote hoy no es una tarea sencilla. Es ser el blanco de críticas, es lidiar con la soledad y es cargar con las penas de toda una comunidad. Por eso, este artículo es una carta abierta de gratitud.
Gracias, Padre, por esas noches de desvelo preparando la homilía, por tu paciencia infinita cuando no sabemos cómo rezar y por ser ese rostro de misericordia cuando más necesitábamos perdón. Tu entrega no pasa desapercibida para el Cielo, y hoy queremos que tampoco pase desapercibida para la tierra.
Te invitamos a cerrar los ojos y dedicar un momento a dar gracias por ese sacerdote que marcó tu vida.
Señor Jesús, Buen Pastor de nuestras almas,
Hoy te damos gracias por el don inmenso del sacerdocio. Gracias por los hombres que han escuchado tu voz y han dejado sus redes para seguirte.
Te pedimos por nuestros sacerdotes: cuida su corazón, consuela su soledad y fortalece su entrega. Hazlos santos, Señor, para que en su mirada podamos encontrarte a Ti.
Te rogamos también por los jóvenes: que sus oídos estén atentos a tu llamado y que no falten nunca en tu Iglesia pastores valientes, humildes y llenos de tu Amor. Que nunca nos falte el Pan de la Palabra y el Pan del Cielo.
Amén.
Por: Cristian Molina G.





