Cuando los Cardenales "Desaparecen" para Elegir al Próximo Papa
El Secreto Mejor Guardado del Vaticano
Este 7 de mayo de 2025, no es un día cualquiera. Hay una atmósfera de expectación, pero también de profunda seriedad. Los pasillos que habitualmente están cargados de actividad hoy tienen un aire distinto. ¿Por qué? Porque los hombres encargados de elegir al próximo líder de la Iglesia Católica están a punto de iniciar un camino de retiro y discernimiento: la entrada al Cónclave.
Los cardenales dicen “adiós al mundo exterior”
Piensa en ello como cruzar un umbral sagrado. La «entrada al Cónclave» no es simplemente caminar hacia un edificio; es el acto formal por el cual los cardenales electores se retiran del mundo exterior, se «encierran» para dedicarse exclusivamente a la tarea de elegir al nuevo Papa. Es un momento de separación, de dejar atrás las distracciones, las opiniones externas, el ruido mediático, para concentrarse en la oración y en la guía del Espíritu Santo.
El «Juramento» que sigue es igual de poderoso. No es una formalidad más. Los cardenales ponen sus manos sobre el Evangelio y prometen ante Dios y la Iglesia guardar el más absoluto secreto sobre todo lo que suceda dentro de esas paredes. Prometen votar según su conciencia, buscando únicamente el bien de la Iglesia. Es un compromiso personal y público de integridad, discreción y obediencia al proceso y al futuro Papa elegido. Es su promesa de poner la fe y la responsabilidad por encima de cualquier otra consideración.
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Solo Entran los que Votan
Aquí la regla es clara, entran los que tienen la voz para elegir y salen todos los demás.
Adentro, con la llave: Los protagonistas son los cardenales que tienen derecho a voto, es decir, aquellos que son menores de 80 años al inicio de la Sede Vacante. Estos son los «electores». Son ellos quienes llevarán sobre sus hombros la inmensa tarea de discernir quién debe guiar la barca de Pedro en los próximos años.
Afuera, esperando: Una vez que los cardenales electores han ingresado a la Capilla Sixtina y la ceremonia de juramento ha concluido, todos los demás que participaron en la procesión o que tienen tareas de asistencia temporal dentro del área del cónclave deben marcharse. Esto incluye a los secretarios de los cardenales, personal de servicio (médicos, enfermeros, personal de limpieza, etc.) que tienen funciones específicas y limitadas en el tiempo, y por supuesto, cualquier otra persona ajena al proceso electoral. La idea es crear un ambiente de total aislamiento y concentración para los electores. Solo permanece el personal indispensable cuya presencia es absolutamente necesaria y cuya discreción está garantizada bajo juramento. Es el momento en que las puertas se cierran y el Vaticano contiene la respiración.
En una ceremonia tan cargada de simbolismo y tradición, cada rol es crucial, el que orquesta el inicio de todo este proceso, guiando la solemne procesión de los cardenales desde el Palacio Apostólico hasta la Capilla Sixtina para la Misa previa al cónclave y luego a la propia Capilla Sixtina para la entrada formal y el juramento, es el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias monseñor Diego Giovanni Ravelli. Es una figura clave en todas las grandes ceremonias del Vaticano, asegurando que todo se desarrolle con el debido respeto y según la liturgia de la Iglesia. Es él quien, simbólicamente, dará la orden de cerrar las puertas al grito de «Extra omnes!» (¡Fuera todos!), dejando a los cardenales a solas con su tarea y su conciencia.
Una vez que las puertas de la Capilla Sixtina se han cerrado y los cardenales están solos, la responsabilidad de liderar el proceso interno del cónclave recae en el Decano del Colegio Cardenalicio Giovanni Battista Re. Él es, por así decirlo, el «primus inter pares» (el primero entre iguales) entre los cardenales. Es el cardenal de mayor rango en el orden de los obispos. Es el Decano quien dirige las oraciones iniciales, quien se dirige a los cardenales para recordarles la seriedad de su misión y quien formula la pregunta crucial al cardenal elegido: si acepta la elección y con qué nombre desea ser llamado. Aunque no tiene más voto que los demás.
Así, mientras el mundo espera fuera, dentro de la Capilla Sixtina, bajo los impresionantes frescos de Miguel Ángel, se desarrolla un proceso humano y espiritual profundo. Hombres de diferentes partes del mundo, con trayectorias únicas, se unen en un acto de fe y responsabilidad, guiados por sus oraciones y por la estructura ancestral de la Iglesia, para discernir la voluntad divina y elegir al hombre que pastoreará a millones. Es un recordatorio poderoso de que, en el corazón de la tradición, hay personas con fe, esperanza y la enorme tarea de tomar una decisión que resonará en la historia.
Mira está entrevista: ¿Qué Papa necesita el mundo?
Por: Cristian Molina Gallego.






