“No he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles cumplimiento” Mateo 5,17
Ayúdame, Señor, a ayunar del cinismo amargo que me hace creer que nada puede cambiar y que el mundo está condenado al fracaso. El cinismo es la pereza del espíritu, una excusa elegante para no comprometerse con la esperanza. Líbrame de esa actitud que todo lo critica y nada construye. Que mi fe sea una apuesta terca por la vida, incluso en medio de las ruinas. Que aprenda a sembrar aunque no vea la cosecha, a encender una vela en lugar de maldecir la oscuridad. Que la alegría de la resurrección futura sea el motor de mi trabajo presente, sabiendo que ningún gesto de amor auténtico cae en saco roto.