La construcción de paz en Colombia es una tarea de todos, ¿cómo lograrla?
Padre Jorge Humberto Peláez S.J
Director general de la Congregación Mariana
¿Cuántos acuerdos deben firmarse para entender que el papel no detiene la violencia si el corazón sigue herido? Más allá de la política y las promesas institucionales, la verdadera reconciliación nacional exige una transformación ética que empieza donde el Estado no tiene alcance: en nuestra propia casa.
La paz, que tanto anhelamos los colombianos, no ha podido florecer en Colombia por muchas razones. En nuestra reflexión anterior exploramos los errores que han cometido los gobiernos de turno en la búsqueda de la paz. El principal de ellos ha sido la ausencia del Estado en todo el territorio. Amplias regiones de nuestro país carecen de salud, educación, seguridad. Así no es posible la paz.
Más allá de la ausencia estatal: la responsabilidad ciudadana
Hoy reflexionaremos sobre nuestras responsabilidades como ciudadanos. ¿Qué debemos hacer para que la paz eche raíces en nuestra patria? La paz es responsabilidad de todos: del Estado, del gobierno de turno y de cada uno de nosotros.
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La dimensión ética y la sanación del odio interior
Lo más importante es entender que la construcción de la paz empieza desde lo más profundo del corazón. De nada servirán las conversaciones con los diversos actores violentos ni los acuerdos que se alcancen, si no cicatrizan las heridas que llevamos sobre el cuerpo de la patria, si no sanamos los odios y deseos de venganza que arrastramos desde hace décadas.
Por eso es tan importante la atención de las víctimas de la violencia para que puedan salir de la caverna oscura en la que han vivido y así puedan disfrutar de la luz de la esperanza. Y la atención a las víctimas significa muchas cosas: atención psicológica, ayuda económica, oferta de oportunidades, educación.
Convivencia pacífica: el poder del diálogo frente a la intolerancia
Si queremos transformar nuestro país, necesitamos fortalecer la tolerancia, la cual empieza por reconocer que somos diferentes y que hay lugar para todos en Colombia. Tenemos que aprender a reconocer y valorar las diversas ideologías políticas, religiosas, regionales.
La tolerancia también significa aprender a resolver, a través de unos diálogos civilizados y no por medio de gritos y amenazas, los naturales conflictos que surgen en las familias, entre los vecinos, en los negocios. Y el lugar donde deberíamos aprender a dialogar sin agresiones es la familia. Pero si tenemos familias violentas, inevitablemente tendremos un país violento.
Amigas y amigos, la construcción de la paz es un desafío ético que empieza desde lo más profundo del corazón, cicatrizando las heridas causadas por la violencia, aceptando la diversidad y aprendiendo a dialogar sobre las dificultades que surjan en el camino.
Pidamos a Nuestra Señora de los Lirios que nos regale la sabiduría para dialogar, la paciencia para comprendernos y la fuerza para elegir siempre la paz.



