Viernes Santo, El día del silencio doloroso
Hoy, Viernes Santo, es como si el mundo entero se callara, es el día donde bajamos el volumen para escuchar un susurro muy importante, no solo afuera, sino también adentro, en ese rincón del corazón donde a veces guardamos tanto ruido. Hoy, la idea es sentir de verdad, sin filtros ni distracciones, el dolor tan grande que Jesús sintió en la cruz.
Imagínate por un momento esta escena, alguien que te quiere muchísimo sufre de una manera terrible por ti. ¿Qué palabras encontrarías para describir ese dolor? Seguramente ninguna alcanzaría. Pues lo que Jesús vivió en la cruz es algo así, pero multiplicado por todo el amor que nos tiene a cada uno. Fue un acto de cariño tan inmenso, tan fuera de lo común, que a veces nos deja sin saber qué decir, con un nudo en la garganta.
No se trata solo de recordar una historia antigua, sino de dejar que ese sufrimiento nos toque la fibra sensible. Cada golpe, cada herida, fue una muestra de que no estábamos solos, de que alguien estuvo dispuesto a darlo todo por nosotros, hasta la última gota. Es un día para apagar el piloto automático y sentir de verdad el peso de ese amor tan grande.
En este silencio que nos regala el Viernes Santo, podemos escuchar esa voz callada que nos dice cuánto valemos, cuánto somos amados. Es un momento para parar la película de nuestra vida y centrarnos en esa imagen de Jesús en la cruz, un amigo que nos demostró su amor de la manera más fuerte y silenciosa posible. Es un día para estar ahí, simplemente, con el corazón abierto, dejando que ese amor nos abrace y nos cambie un poquito por dentro.
En este Viernes Santo acompañemos a Jesús en el camino a la cruz, en este recorrido conectemos nuestra alma y cuerpo al silencio de Jesús, sigue estos sencillos pasos para seguir en silencio.
Un alma que siente su dolor: Dejemos que el sufrimiento de Jesús nos toque. Él lo hizo todo por nosotros. Sintamos gratitud y también arrepentimiento por esas veces que nos alejamos de su amor.
El cuerpo en sencillez: Hoy ayunamos y no comemos lo que más nos gusta, como un pequeño sacrificio que nos une a su entrega, pero este sacrificio lo volvemos una acción en compartirlo con el que más lo necesita. Participemos en la Liturgia de la Pasión, escuchando con atención la historia de su sufrimiento, adorando la cruz.
Sigamos caminando en el silencio de Dios durante este Triduo Pascual hasta llegar a la fiesta de la pascua.







