Pantallas: La nueva adicción

En los últimos años, los teléfonos inteligentes, las redes sociales, las plataformas de video y los videojuegos dejaron de ser simples herramientas de entretenimiento para convertirse en una parte permanente de la vida cotidiana. 

El episodio “Pantallas: La nueva adicción” del programa Amigos de tu salud plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿en qué momento el uso normal de la tecnología se transforma en una dependencia?

«El problema no es la tecnología en sí, sino la pérdida de control sobre el tiempo y la atención». Muchas personas comienzan revisando el celular “por un momento” y terminan pasando varias horas al día conectadas, incluso cuando eso afecta el descanso, el trabajo, el estudio o las relaciones familiares. El fenómeno es tan frecuente que ya se considera uno de los grandes retos de salud pública de la era digital.

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La psicóloga y neuropsicopedagoga Silvana Jaramillo  explica el mecanismo cerebral detrás de la adicción digital. Cada notificación, “me gusta”, mensaje o video nuevo activa circuitos de recompensa en el cerebro relacionados con la liberación de dopamina, un neurotransmisor asociado al placer y la motivación.

El cerebro aprende rápidamente que revisar el teléfono puede traer una recompensa inmediata. Por eso aparece el impulso constante de desbloquear la pantalla, revisar redes sociales o buscar contenido nuevo, aun cuando no exista una necesidad real.

Los expertos advierten que este patrón se parece al que ocurre en otras conductas adictivas: la persona siente alivio momentáneo al conectarse, pero luego necesita repetir la conducta cada vez con mayor frecuencia.

¿Cómo podríamos detectar las señales de una adicción a las pantallas?

Junto a nuestra especialista invitada, identificamos varias señales de alerta que pueden indicar una relación problemática con la tecnología:

  • Revisar el celular apenas se despierta y antes de dormir.
  • Sentir ansiedad cuando no hay conexión a internet.
  • Perder la noción del tiempo mientras se navega en redes sociales.
  • Interrumpir conversaciones para mirar el teléfono.
  • Dormir menos por permanecer conectado.
  • Descuidar actividades importantes, ejercicio o tiempo en familia.
  • Intentar reducir el uso y no lograrlo.

* La presencia ocasional de alguna de estas conductas no significa necesariamente una adicción, pero cuando se vuelven frecuentes y generan consecuencias negativas, es importante prestar atención.

 

* La sobreexposición digital no solo afecta el tiempo libre, sino también el equilibrio emocional.

 

*Las redes sociales suelen mostrar versiones idealizadas de la vida de otras personas. Compararse constantemente con esas imágenes puede generar sentimientos de insuficiencia, baja autoestima y ansiedad.

 

*El cerebro se acostumbra a recibir estímulos rápidos y cambiantes. Como consecuencia, tareas que requieren atención sostenida —leer, estudiar o trabajar durante periodos prolongados— se vuelven más difíciles.

 

* La conexión permanente crea la sensación de que siempre hay algo pendiente: responder mensajes, revisar notificaciones o estar al día con las noticias. Esa hiperconectividad mantiene al organismo en un estado de alerta casi continuo, por tanto, se aumenta el estrés.

 

* Cuando permanecemos con las pantallas encendidas en la noche,  la producción de melatonina, la hormona que ayuda a iniciar el sueño y por tanto, un descanso reparador, se bloquea. Además, el problema no es solo la luz. El contenido emocionalmente estimulante: videos, discusiones en redes, noticias o juegos, mantienen al cerebro activado cuando debería empezar a relajarse.

Lejos de proponer abandonar la tecnología, el programa plantea estrategias prácticas para usarla de manera más consciente.

  1. Medir el tiempo real de uso

Muchas personas subestiman las horas que pasan frente a la pantalla. Revisar las estadísticas del teléfono es el primer paso para tomar conciencia.

  1. Desactivar notificaciones innecesarias

Cada alerta interrumpe la atención y refuerza el hábito de revisar el dispositivo.

  1. Crear espacios libres de celular

Por ejemplo:

  • La mesa durante las comidas.
  • El dormitorio.
  • Las reuniones familiares.
  • Los momentos de oración o meditación.
  1. Recuperar actividades analógicas

Caminar, leer un libro, conversar cara a cara, hacer ejercicio o practicar un hobby ayudan a que el cerebro vuelva a tolerar periodos sin estimulación digital constante.
 

Es muy importante subrayar que los adultos también son modelos de comportamiento. No es coherente pedir a los niños o adolescentes que reduzcan el uso del celular mientras los adultos permanecen conectados todo el tiempo.

La propuesta es construir acuerdos familiares realistas sobre horarios, uso de dispositivos y momentos de convivencia sin pantallas.

 

El mayor aporte de “La nueva adicción” es recordar que la tecnología debe ser una herramienta al servicio de la persona y no al contrario. El problema no se mide solo por las horas frente a una pantalla, sino por la capacidad de elegir cuándo conectarse y cuándo desconectarse.

En una época en la que la atención se ha convertido en uno de los recursos más valiosos, aprender a poner límites digitales es también una forma de cuidar la salud mental, el sueño, las relaciones y la calidad de vida.

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Tatiana-Diaz

Por:  Tatiana Diaz Zapata

Realizadora y presentadora Tele VID

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