¡Oh Madre mía Dolorosa! Por aquel dolor que sentiste cuando viste a tu divino Hijo puesto en el sepulcro, y por la soledad que sufriste después de su entierro, te ruego que me alcances una verdadera contrición por mis pecados.
Tú, que te quedaste sola, sumergida en un mar de amargura, haz que yo también te acompañe en tu dolor, y que no me aparte jamás de la cruz de Jesús. Madre de Dolores, consuela mi alma en mis aflicciones y alcánzame la gracia de vivir y morir en el amor de Dios, para que un día pueda alabarte contigo en el cielo. Amén.
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