Por estos días tan convulsionados en nuestro país y en el mundo entero es un buen momento para hablar de la necesidad de cultivar el necesario valor de la prudencia en nuestra manera de actuar y de comportarnos y relacionarnos con los demás.
Ser prudentes es ante todo ser sabios para no reaccionar ni proceder de maneras primarias que lo único que generan es caos y desesperanza. Ser prudente es pensar antes de actuar, contar hasta 10 antes de decir palabras que dejarán huellas imborrables en quienes las reciben. Ser prudente es evitar juzgar; pues es justamente esta tendencia de todos los seres humanos a criticar y a no ponerse en los zapatos de los demás la que muchas veces origina conflictos pequeños o mundiales.
Hoy queremos invitarlos a que cada uno de nosotros evalúe cómo es su relación con el valor de la prudencia en su día a día…¿qué tan prudente es tu comportamiento en tu lugar de trabajo, en tu hogar, en el momento de conducir, al hacer una fila, al dar tus opiniones?. ¿Te imaginas cómo sería este mundo si por lo menos intentáramos ser más mesurados en todos los ámbitos de nuestra vida?
Por: Olga Umaña
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