Evangelio de hoy sábado 24 de octubre
«Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera»»
Lucas 13, 1-9
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 13, 1-9
En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.
Jesús respondió:
«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
Y les dijo esta parábola:
«Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
“Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”.
Pero el viñador respondió:
“Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».
Palabra del Señor
Reflexión del evangelio
La paciencia de Dios y la urgencia de dar fruto: Superar la lógica del castigo
El relato del Evangelio de Lucas (13, 1-9) desmonta una creencia común en la mentalidad religiosa: la falsa idea de que las tragedias, accidentes o catástrofes son castigos directos enviados por la ira de Dios. Frente a las noticias sobre los galileos ejecutados por Pilato y las víctimas de la torre de Siloé, Jesús reorienta la mirada hacia la necesidad universal de conversión y revela el verdadero rostro de un Dios cuya paciencia infinita espera una respuesta real en la vida del creyente.
Superar la imagen de un Dios justiciero
Atribuir los males del mundo, las enfermedades o los desastres naturales a la furia divina deforma la esencia del Evangelio. La tradición mística y bíblica recuerda que Dios es compasivo, misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad:
Romper con el miedo: Relacionarse con Dios desde el terror al castigo empobrece la fe. La experiencia espiritual madura nace del amor y la confianza filial, no del temor a una represalia divina.
El dolor no es condena: El sufrimiento ajeno no puede juzgarse como merecido. Quien asume esa postura cae en la soberbia encubierta de considerarse moralmente superior o libre de pecado solo porque no padece las mismas desgracias.
La trampa de la comodidad y el estancamiento
La advertencia de Jesús —«si no se convierten, todos perecerán de la misma manera»— señala que la fragilidad humana es compartida. Nadie está exento de la necesidad de cambiar de vida ni puede escudarse en el cumplimiento pasivo:
Años sin transformación: Resulta doloroso que Dios manifieste una paciencia incansable mientras la persona permanece estancada durante años en los mismos rencores, quejas, vacíos o actitudes que dañan a los demás.
La responsabilidad de responder: La misericordia de Dios no es una excusa para la pereza interior. Reconocer la bondad divina exige una correspondencia activa que se traduzca en decisiones concretas de reconciliación y rectitud.
El abono del viñador: Aprovechar el tiempo de gracia
La parábola de la higuera estéril ilustra la pedagogía de Dios con el ser humano. Ante la orden de talar el árbol por no dar frutos, el viñador intercede pidiendo un año más para cavar alrededor, abonar la tierra y esperar su florecimiento:
El cuidado paciente de Cristo: Dios no corta de inmediato; ofrece nuevas oportunidades, busca sanar las raíces heridas y dispone los medios necesarios para la conversión a través de la oración y los sacramentos.
La urgencia de dar fruto: La paciencia divina no es indefinida en el tiempo humano. El compromiso de madurar en las virtudes, perdonar a tiempo y cultivar el amor en la familia y la comunidad no puede postergarse más.
Comprender la paciencia de Dios como un don exige abandonar las justificaciones y asumir el presente con prontitud, permitiendo que la gracia fecunde la vida diaria en obras auténticas de servicio y caridad.
