Evangelio de hoy sábado 10 de octubre
«Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»
Lucas 11, 27-28
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 11, 27-28
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Palabra del Señor
Reflexión del evangelio
La verdadera bienaventuranza: Escuchar la Palabra y ponerla en práctica
El pasaje del Evangelio de Lucas (11, 27-28) presenta el grito espontáneo de una mujer entre la multitud que elogia la maternidad física de María. La respuesta de Jesús no desestima la dignidad de su Madre, sino que la eleva al verdadero motivo de su grandeza: María es bienaventurada, ante todo, por haber acogido la Palabra de Dios en su corazón y haber hecho de su vida un «sí» constante a su cumplimiento.
De la admiración externa al compromiso real
Es sencillo admirar a Jesús, conmoverse con la doctrina o expresar devociones superficiales. Sin embargo, la auténtica vida cristiana no consiste en felicitar a Dios por sus maravillas, sino en dejar que su mensaje transforme la conducta cotidiana.
Afinar el oído espiritual: En medio del ruido diario y de las distracciones, resulta fácil escuchar mal, seleccionar únicamente lo que conviene o confundir los propios deseos con la voluntad de Dios. Disponer el corazón exige silencio interno y discernimiento constante.
Retener la enseñanza: La fe no puede limitarse al entusiasmo de un momento o a la asistencia pasiva a un rito; requiere memoria agradecida para que la Palabra escuchada en la Eucaristía resuene y guíe las decisiones de cada día.
Encarnar el Evangelio: Salir de la zona de confort
Seguir a Cristo y poner por obra sus enseñanzas rompe la comodidad personal. Lejos de ser una receta para una vida sin problemas, asimilar el Evangelio complica los esquemas egoístas, exige perdón, demanda justicia e impulsa al servicio abnegado.
Al igual que en el relato de Marta y María, la escucha contemplativa y la acción concreta son dos dimensiones inseparables de una misma vocación. Estar a los pies del Maestro cobija su pleno sentido cuando mueve a levantarse, salir al encuentro del prójimo y encarnar la caridad en medio de la realidad.
La paz teresiana como criterio de discernimiento
En el marco de la preparación a la fiesta de Santa Teresa de Jesús, la paz interior se revela como el indicador fundamental para reconocer la presencia de Dios. Cuando la Palabra se acoge con honestidad y se lleva a la práctica, genera una serenidad profunda que ninguna prueba externa puede arrebatar.
Rezar con la certidumbre de que «nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda» permite afrontar las exigencias del seguimiento con fortaleza, sabiendo que quien escucha la Palabra y la cumple encuentra en Dios su único y suficiente sustento.






